Los libros que salvan

Ser cultos para ser libres

José Martí


Abro mi correo electrónico y ahí está, entre los muchos boletines (newsletters)de cada día. Me anuncian la reseña de un libro que de seguro no voy a poder leer pronto, pero igual lo apunto. Se titula La utilidad de lo inútil, fue publicado en 2013 por la editorial Acantilado, del filósofo y profesor italiano Nuccio Ordine.

Según la reseña el ensayo reflexiona críticamente sobre “la relegación de las materias humanísticas en la formación ciudadana…”, en la cual “se prioriza la mercantilización de la educación y las materias técnicas en pro de actividades ‘rentables’”.

Sin embargo, al leer el siguiente fragmento de esta obra quede impactado: “En el universo del utilitarismo, en efecto, un martillo vale más que una sinfonía, un cuchillo más que una poesía, una llave inglesa más que un cuadro: porque es fácil hacerse cargo de la eficacia de un utensilio mientras que resulta cada vez más difícil entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte”.

Y aunque puede parecer muy posmoderno tratar de vincular dos sucesos aparentemente tan lejanos, estoy seguro que en este sentido nuestro eterno líder Fidel, siempre lo tuvo muy claro, siguiendo la premisa del Apóstol, la gran utilidad de lo supuestamente inútil representa, más que la libertad, la verdadera esencia de lo humano. Por eso, no es de extrañar que, a tres meses del triunfo de la Revolución, exactamente el 31 de marzo se haya creado la Imprenta Nacional de Cuba, amparada por la ley 187 del Gobierno revolucionario y su primer director fuera el escritor Alejo Carpentier.

La Feria Internacional del Libro de la Habana, otro de los grandes proyectos humanísticos de la Revolución cubana, al fondo obra monumental El Quijote de América del escultor Sergio Martínez Sopeña, ubicada en una esquina de la concurrida calle 23 en el Vedado. Foto: Joyme Cuan

Por iniciativa de Fidel el primer libro publicado por la incipiente Imprenta fue El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes y Saavedra. La excelsa obra de la literatura española tuvo una enorme tirada y trazó el camino para que a los cubanos y cubanas llegaran, desde entonces, las mejores obras universales de autores como Honorato de Balzac, Víctor Hugo, Mary Shelley, Émile Zola, Marcel Proust, Ernest Hemingway, Juan Rulfo, Julio Cortázar junto a la poesía del propio José Martí, Nicolás Guillén, Federico García Lorca y Pablo Neruda, entre otros grandes escritores.

Tomando distancia, es indudable la repercusión, que tuvo y aún tiene, este tipo de acciones humanísticas de la Revolución, la cual junto a la alfabetización formaron una ciudadanía –como apunta el filósofo italiano– responsable, metódica y principalmente comprometida socialmente con su contexto.

Hoy en días de pandemia es preciso mirar atrás y evaluar lo tanto ganado. Celebrar el Día del Libro Cubano, es festejar la utilidad de la virtud, la literatura tiene como todas las artes la suerte de desdibujar cualquier tipo de fronteras, de unir a la humanidad como un solo país. De llevarnos de un tirón a lo que ciertamente somos.

Artículo publicado en el diario web de Tribuna de La Habana, semanario de la capital cubana.

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