Cien años de soledad

Después de casi 18 años vuelvo a ella, mientras Netflix amenaza en convertirla en serie.

Íncipit:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

Portada de la edición de Arte y Literatura

Después de casi 18 años vuelvo a ella. Y es que por estos días ve la luz en nuevas hermosas y ediciones por todo el mundo la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, mientras Netflix amenaza en convertirla en serie. Inmerso en una maratónica lectura conjunta acompañado de cientos de lectores (@macondoclubliterario), esa posibilidad que dan las redes sociales hoy, me embarqué nuevamente –y como si fuera la primera vez– al mítico Macondo.

El clásico latinoamericano cuenta la historia de una aldea imaginaria, Macondo, y de la estirpe de sus fundadores los Buendía. Todo comienza cuando después que Úrsula Iguarán se casa con su primo José Arcadio Buendía, teme engendrar un niño con cola de cerdo como consecuencia del parentesco. Por ello, se niega temporalmente a consumar el matrimonio. Esto es causa de que Prudencio Aguilar se burle de José Arcadio Buendía quien, ofendido, lo mata en duelo para salvar su honor; es por eso que deciden irse del pueblo y escapar. En su travesía e inspirado por un sueño José Arcadio decide quedarse en un punto del camino y fundar Macondo.

Se presenta dividida en 20 sucesiones narrativas que carecen de título y/o numeración. Si bien es cierto que los frecuentes saltos temporales definen la técnica narrativa de Cien años de soledad, hay que decir que tales retrospecciones y anticipaciones ocurren principalmente dentro de sendas secuencias (capítulos); volcando el hilo narrativo al interior de cada suceso, proveyéndolo de un ritmo particular.

Novela de numerosos personajes, todos, sin importar protagonismo tienen storyline (hilo argumental) y voz propia; creados desde la veracidad absoluta, algunos inspirados en personas reales, guardan una historia autóctona que tributa a la trama principal, con gran significación simbólica. El propio pueblo de Macondo es para mí un personaje. La narración está estructurada en lo que muchos coinciden como la fundación, guerras civiles, la compañía bananera y la decadencia y destrucción. El tiempo es otra de las características en la narración nunca se queda definido pero sabemos que transcurre. La expansión del capitalismo y sus prácticas de dominación: el paso de la tradición a la modernidad desde la periferia. El texto dialoga con los valores de una cultura atravesada por toda suerte de relatos míticos y religiosos, que tienen un gran poder significativo. Le da voz a los prejuicios, a las supersticiones más vivas y fuertes, y a las imágenes bíblicas del catolicismo, naturalizadas en el imaginario popular latinoamericano: un pecado original que espera su castigo, una asunción y un diluvio son apenas algunos de estos símbolos. De esta manera, García Márquez va articulando un discurso mítico, un relato casi semiótico que explica el origen y el fin de un microcosmos en el que se construye una imagen del mundo y a la par se hila en la red de un tiempo histórico extenso. La intrahistoria de la familia de los Buendía es una mirada a la infancia de su autor y a la propia Historia latinoamericana en rasgos generales.

Varias son las temáticas abordadas por El Gabo en su creación maestra: la guerra y la violencia, el progreso, el incesto, las utopías, los presagios e incluso la referencia histórica; pero sin duda el tema central, en el cual se vertebra toda la monumental obra, es la soledad humana.

Sería literalmente imposible en tan pocas líneas abarcar esta grandeza literaria como dice un amigo “parece escrita por alguien de otro planeta”. Sirva para incentivar a lectores a un viaje hacia nuestro propio asombro, a lo extraordinario de las cosas más comunes.

Momento favorito:

—¡Carajo! —grito.

Amaranta, que empezaba a meter la ropa en el baúl, creyó que la había picado un alacrán.

—¡Dónde está! —preguntó alarmada.

—¿Qué?

—¡El animal!

—Úrsula se puso uno dedo en el corazón.

—Aquí —dijo.

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